La nostalgia, un arma de doble filo en los videojuegos

Un juego clásico no es un juego viejo

NES Mini
 
 

Que la industria de los videojuegos ha crecido de forma increíble en los últimos años es un hecho al que poca gente es ajena, y es que este tipo de ocio logra mover cifras increíbles de dinero, alcanzando un nivel de influencia similar al de la industria del cine o la música. En general, el cambio más radical ha sido el de dejar de ver a los videojuegos como un mero entretenimiento para niños, sin profundidad o dificultad alguna, para empezar a distinguir obras más adultas dentro de la industria, enfocadas claramente a un público que poco tiene de infantil. Somos muchos los adultos que jugamos y que, sobre todo, crecimos jugando; es por ello que no resulta extraño que, dentro de un mercado tan competitivo, muchas empresas se quieran aprovechar de los recuerdos de nuestra infancia utilizando la nostalgia.

Y precisamente de esto vengo a hablaros hoy, de cómo la nostalgia es una moneda de doble cara que la industria aún está aprendiendo a utilizar. Desde un punto de vista personal, que no representa el de Areajugones como conjunto y, por supuesto, no tiene por qué ser el vuestro, trataré de discutir brevemente cómo esta nostalgia, si bien puede hacer que nos prendamos de un videojuego desde el primer tráiler, también puede hacernos detestar una obra.

La nostalgia como reclamo

Personalmente, crecí con el mando de una NES entre las manos dedicando gran parte de mi tiempo libre a videojuegos de sagas como The Legend of Zelda, Super Mario Bros. o Double Dragon, por poner algunos ejemplos. Es por ello que, como aficionado a esta industria que sigo siendo a día de hoy, cada nueva entrega de cualquiera de estas sagas que marcaron mis inicios en los videojuegos, me sigue emocionando como a aquel niño pequeño que era. Pues bien, exactamente igual que a mí, le ocurre a miles y miles de usuarios alrededor del mundo (seguro que a más de uno de vosotros os pasa con determinadas sagas); y esto es algo que las compañías de videojuegos saben.

No es extraño ver recientemente obras que se enfocan claramente a este tipo de público, apelando desde el primer tráiler a la pura nostalgia. Y está claro que funciona, así lo demuestran títulos recientes de corte más o menos clásico que han logrado atraer la atención del gran público como Yooka-LayleeMario Maker (a la hora de jugar los niveles), Shovel Knight, Cuphead, Ratchet & Clank o Axiom Verge. ¡Pero si hasta Nintendo ha vuelto a lanzar la NES al mercado y lo ha petado! Todo este tipo de productos han sido capaces de atraer a un público adulto con grandes recuerdos de juegos que han marcado una época.

Sin embargo, precisamente en todos estos ejemplos que he dado hay un punto en común muy importante: no solo son nostalgia, sino un buen producto. Es cierto que aún quedan unos meses para jugar a Cuphead o Yooka-Laylee, pero todo lo visto hasta el momento nos indica que, al igual que Shovel Knight o Axiom Verge, conservan buena parte de elementos clásicos, pero no son un juego de hace 20 años. Me explico, son obras capaces de rezumar el mismo olor que los juegos de nuestra infancia; pero al mismo tiempo incluyen elementos jugables y técnicos desarrollados de forma más reciente con los que se mejora notablemente la experiencia.

Así es como la nostalgia es capaz de atraparnos y hacernos disfrutar de una gran obra que, inspirada en los títulos de hace años, consigue resultar un juego bueno en pleno 2017. Hasta aquí todo parece muy bonito, y es que todos queremos volver a disfrutar esos recuerdos de nuestra infancia (sobre todo sin ciertos elementos que los avances pueden evitar); sin embargo, como ya os adelantaba, la nostalgia es un arma de doble filo que, igual que consigue enamorarnos, nos puede hacer detestar un producto.

La otra cara de la moneda

No es oro todo lo que reluce, y tampoco es una buena obra todo lo que nos recuerde las decenas de horas pasadas en Super Mario Bros. 3 o Double Dragon II, como tristemente hemos podido comprobar más de una vez. Es cierto que un tráiler con una estética clásica y la promesa de “más de lo que teníamos antaño” pueden sonar muy bien y ser capaces de atraer muchas miradas; pero todo ello tiene que venir respaldado de alguna forma.




El año pasado muchos usuarios sufrieron en sus carnes una gran decepción cuando, tras meses de espera, llegó finalmente a sus manos Mighty No. 9. Esta obra, que se presentaba como la secuela espiritual de Megaman, resultó un chasco que, no solo no superaba en ningún aspecto a los clásicos, sino que incluso era capaz de empeorar la fórmula para resultar un peor título. Y algo similar me ha ocurrido recientemente con Double Dragon IV.

Double Dragon es una de esas sagas que marcó mi infancia al colarse es mi NES para pasarse ahí dentro horas y horas. Este año 2017 se cumple precisamente el 30 aniversario de la franquicia y, como todo fan, me esperaba alguna que otra novedad. Mi emoción llegó cuando Arc System Works anunciaba Double Dragon IV, una secuela directa a Double Dragon II con la que la saga volvería a los orígenes a nivel de mecánicas y estética.

Mi gozo en un pozo cuando, a finales de enero, llegaba a mis manos el juego. Este es, posiblemente, el ejemplo más claro de cómo no se debe utilizar la nostalgia. Me vendieron esta obra como un recuerdo de mi infancia, pero resultó ser un auténtico infierno. Double Dragon IV es un juego que no se sostiene por ningún lado; tiene escenarios pobres, repetitivos y que, por si esto fuera poco, están mal diseñados. La dificultad reside en que los propios escenarios están hechos para que te caigas y que los enemigos no te dejen ni moverte, la sucesión de los bosses carece de toda coherencia argumental (derrotamos al mismo jefe hasta 5 veces) e incluso las mecánicas, en teoría sacadas del juego original, parecen peores que en este. Es cierto que puede que haya más similitud con el juego original de lo que mi mente quiere creer, pero esto refuerza mi idea de que un juego clásico no es un juego viejo.

Cuidado con el hype

Con todo esto lo que vengo a decir es que, si ya hemos aprendido a no fiarnos de un tráiler cinemático espectacular en el que no vemos nada de un videojuego, tampoco nos fiemos de los que nos lanzan cuatro píxeles y nos dicen que es retro. Por supuesto que seguiremos ilusionándonos con cada obra que salga y nos recuerde esas horas en las consolas clásicas cuando éramos enanos; pero cuidado con el hype, cuidado con esos Kickstarter que nunca acaban y en los que el dinero desaparece sin más, cuidado con las secuelas de juegos de hace 20 años que no se publicitan de otra forma que con nostalgia, cuidado con dejarse llevar por todos estos sentimientos, jugones.