Crítica de Deadpool 2: La fórmula llevada al límite

Deadpool 2

Crítica de Deadpool 2: La fórmula llevada al límite

El humor ácido y la acción más violenta regresan en una secuela algo menos inspirada pero igual de efectiva

Crítica de Deadpool 2: La fórmula llevada al límite
 

 Las secuelas suelen tener un doble reto que cumplir; superar su precuela tanto en calidad como en originalidad, y encontrar su propia personalidad dentro de una saga. En ambas cosas falla “Deadpool 2”, una película que desde que fue anunciada contó con un gran escepticismo por parte de los fans, y que pretendía repetir el fenómeno de Tim Miller sin Tim Miller. En esta ocasión era el experto en escenas de acción David Leitch (“John Wick”) el encargado de intentar introducir al Mercenario Bocazas en una historia grupal, y no se puede decir que no lo haya conseguido, pero por el camino ha perdido algunos elementos que daban cuerpo a la saga. La fórmula tan particular de humor que tantas alegrías proporcionó a Fox es forzada hasta el límite, y sí, todavía funciona, pero deja a la franquicia en una situación algo compleja.

Si cuentas un chiste una vez, tu amigo se ríe, si se lo vuelves a contar una segunda vez, es probable que sonría y te compadezca. Algo similar sucede con el regreso de Ryan Reynolds a la licra. Wade Wilson ahora cuenta con la ayuda de un nuevo equipo de superhéroes, y tendrá delante un nuevo villano al que hacer frente. La historia que rodea a esos dos elementos cumple un propósito similar que en la primera entrega, pero las bromas no secundan la estrategia. Si bien todo sigue respirando al Mercenario Bocazas, y el conjunto se siente divertido y por supuesto entretenido, las costuras son notablemente más visibles en esa obra única que logró 783 millones de dólares en todo el mundo, y que abrió una brecha en el género.

Un Wade Wilson ahora más asentado  pretende formar una familia, pero la respuesta que busca no la encontrará en Vanessa (Morena Baccarin), sino en un niño mutante problemático llamado Russell (Julian Dennison), al que intentará proteger como si fuera su propio hijo. Sin embargo, la llegada del poderoso Cable (Josh Brolin) desde el futuro, dejará al mercenario entre dos bandos, y deberá decidir si continuar el camino de héroe irreverente, o si madurará para entender que en realidad no está solo en el mundo. Para lograrlo contará con la ayuda de los X-Force, un compendio de justicieros disfuncionales que le harán ver el lado bueno de la vida, y que le darán un nuevo motivo para seguir peleando por sus seres queridos.

Tanto por los tráileres como por las distintas imágenes, eran el principal centro de atención, y aunque no sorprenden tanto como cabría esperar, si aportan un soplo de aire fresco. La introducción de Domino (Zazie Beetz) a la cabeza e los X-Force es sin duda alguna el mejor acierto de “Deadpool 2”. Carisma, personalidad, y unas escenas muy bien llevadas hace de esta heroína la pieza que faltaba en el esquema cómico de la saga. Si Wade era el tonto, y ahora Cable es el serio, la chica con suerte representa el humor más irónico. Un reparto de papeles que genera una dinámica muy positiva, y que le resta el peso de llevar una película entera por sí mismo a Wilson.  ¿La pega? Para lograrlo los guionistas Rhett Reese, y Paul Wernick (“Bienvenido a Zombieland”) emplean al resto de miembros  del equipo como una simple herramienta que queda reducida a uno simple momento de lucidez en toda la cinta.

Las comparaciones en “Deadpool 2” eran inevitables, y quien se lleva la peor parte en esta caso es Josh Brolin, un actor que venía de interpretar a uno de los mejores villanos de la historia del género, y que aquí cae en un papel bastante más plano y soso. Se entiende el esfuerzo de la película por hacer encajar a Cable en un teatrillo de chistes fáciles, pero su participación en la historia es poco menos que ridícula si tenemos en cuenta la importancia del personaje. Estéticamente cumple con sobresaliente, sus armas futuristas con tan impresionantes como cabría esperar, y su personalidad no desmerece a los cómics, pero si lo analizamos como una pieza de un conjunto, el señor del guante lo deja en ridículo.

Algo que resulta sorprendente si partimos de que aquí Brolin cuenta con mayor libertad interpretativa y no lleva una capa gruesa de CGI por encima del rostro. Quizás con un guion algo más sólido, este antagonista hubiera podido brillar más, pero poco se podía hacer con una trama que parece más una excusa que un ejercicio de creatividad nacida para contar algo. Cable se pierde entre las distintas secciones de la película sin saber muy bien si es un villano, un aliado, o un simple viajero del tiempo que pasaba por allí.

Quien sí brilla sorprendentemente por encima de los demás es Coloso (Stefan Kapicic), un personaje que continúa funcionando a la perfección cuando está con Wade en pantalla, y que es utilizado para generar algunos de los momentos más surrealistas e hilarantes de toda la secuela. Unas situaciones que para bien o para mal no escapan de los metachistes, y de la autoconciencia con la que se viste. “Deadpool 2” sabe que tiene que ser graciosa, y se esfuerza en serlo, pero en muchas ocasiones cae en lo obsceno sirviéndose de la violencia gratuita para lograr un humor mucho más burdo que en la primera entrega. Un hecho que no la convierte en aburrida, y que seguirá funcionando con determinados públicos, pero que no porta ese halo único de originalidad que enamoró en el pasado.

En resumen, el mercenario vibra con la misma frecuencia que en su precuela, y sigue divirtiendo durante las casi dos horas de metraje. No faltan las referencias a DC -esta vez mucho más evidentes- ,los propios guiños al pasado del héroe, y las roturas de la cuarta pared. Su escena post-créditos roza un nivel de malicia nunca antes visto en la gran pantalla, y deja un sabor de boca inmejorable en una secuela que ha intentado superarse forzando una fórmula que da visos de tener los días contados. La apuesta de riesgo no obstante, da lugar a un contexto donde los chistes son más variados, las situaciones algo más sorprendentes, y las sensaciones de estar ante algo diferente se mantienen. Si no miramos al futuro, “Deadpool 2” es un caramelo ácido que merece la pena degustar.


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