Crítica de ¿Podrás perdonarme algún día?: Desmontando el biopic

Lee Israel revive para ser homenajeada de la forma más particular

 

En medio de la vorágine de autodescubrimiento en la que se ha sumergido Hollywood tras el éxito de “Bohemian Rhapsody”, aparece el paradigma del biopic. “¿Podrás perdonarme algún día?” relata la historia de Lee Israel (1939-2014), una escritora de biografías caída en desgracia que decide esconder la moralidad en un cajón para vivir del éxito de los demás. David Yernell, confidente de la escritora durante sus últimos días de vida, decide contar la historia que le cuenta su amiga en el lecho del hospital, y se hace con un equipo de tintes independientes para lograrlo.

Aunque la cara más visible de la película en su camino hacia los Oscar ha sido la de una Melissa McCarthy en estado de gracia, el alma de esta historia descansa sobre los hombros de un equipo veterano en lides románticas e introspectivas. Un staff que sabe descafeinar lo suficiente la realidad para mostrar el mundo como lo veía Israel. Marielle Heller vuelve a la gran pantalla cuatro años después de su debut con “El diario de una adolescente“, con una versión nihilista de ese inconformismo púber. Una historia parsimoniosa que busca la emoción a través de un guion honesto y cargado de corazón.

En “¿Podrás perdonarme algún día?” no hay schedenfraude, ese sentimiento condescendiente de regodeo hacia la desgracia ajena, ni tampoco un discurso ético-profesional. Nicole Holofcener opta por un enfoque más personal que recuerda a las romcom más académicas de las que proviene –“Sobran las palabras”, “Encuentros en Nueva York”-, que a un drama metapersonal al estilo de “Her”. Sin embargo, lo que podría ser una feelgood movie con moraleja casposa queda condicionada por la fuerza e idiosincrasia de una mujer tan cínica como compleja.

La cosmovisión que nos propone la cinta es pesimista y desganada. Israel, quien se hizo un nombre escribiendo biografías de personalidades del mundo artístico y periodístico como Tallulah Bankhead o Dorothy Kilgallen, encontró el ostracismo cuando Estée Lauder la crucificó profesionalmente al intentar publicar su vida sin permiso. Sus contactos la abandonaron, sus editores la relegaban de sus listas de prioridades, y Lee se iba quedando cada vez más sola. El único talento que tenía en su vida, escribir, ya no le servía para seguir comiendo. Tenía que encontrar una salida que no la humillara más de lo que ya estaba, y la respuesta la encontró en el plagio.

¿Podrás perdonarme algún día?
Su incapacidad para perdonar y perdonarse a sí misma la condenan a la soledad.

Desesperada por encontrar una salida a su mala racha, un día roba dos cartas escritas por Fanny Brice de la biblioteca pública de Nueva York, y las vende a un coleccionista. Lo que comienza como un simple pillaje se termina convirtiendo en una metodología precisa y detallada de malversación de documentos privados de estrellas artísticas del siglo XX. En poco tiempo Lee se convierte en una cliente perseguida por todos los coleccionistas del país, pero lo que nadie sabe es que esas cartas y documentos no son más que falsificaciones; invenciones literarias fruto del alto conocimiento que Lee tiene sobre esas estrellas. Con dinero y fama entre sus manos, la escritora por fin tiene todo lo que siempre había querido ¿no?

A pesar de cumplir con todos los cánones de felicidad que dicta la sociedad, Lee sigue sin alcanzar la autorrealización. Su vida no es más que un espejismo soportado por la ausencia de ética profesional, y el egoísmo de alguien que no sabe existir en sociedad. Ni si quiera la llegada a su vida de Jack Hock la salvan de su soledad. Los dos son almas atormentadas por las malas decisiones que tomaron en su pasado, que buscan lamerse las heridas sin reconocer sus errores. “¿Podrás perdonarme algún día?” deja que sea el espectador el que juzgue y valore, pero termina dándole la razón.

Sí, es cierto que la conclusión de la película es previsible, y que el guion no esconde las artimañas narrativas que persiguen un final arquetípico. Pero Heller no está tan preocupada por las sorpresas o los grandes clímax dramáticos. El punto fuerte de la cinta se encuentra en el propio viaje que emprende Lee desde la impunidad más atroz a la redención imposible. En saborear su forma de ver la vida, disfrutar de sus largos monólogos internos, y de verla luchar contra sí misma por alcanzar una quimera imposible. Todo ello construido desde la mesura y la apatía, con ciertas pinceladas de humor ácido bastante agradecidas. Pero ni el guion ni la dirección logran plasma tantos contrastes, es su protagonista.

¿Podrás perdonarme algún día?
La química entre los dos protagonistas se siente natural gracias a la sencillez del guion.

Tras años explotando su faceta cómica, Melissa McCarthy toma su primer papel dramático de importancia, y demuestra sus increíbles capacidades actorales. No es exagerado afirmar que la película se sostiene única y exclusivamente gracias a ella. La fuerza que desprende en cada escena, y su capacidad para transmitir tristeza y desesperación desbordan la pantalla. Algo que podría explicar el escaso o nulo desarrollo que sufre el personaje de Richard E. Grant, siempre supeditado al de ella. Teniendo en cuenta que se trata de un biopic, se entiende la presencia accesoria del actor, pero una mayor atención quizás hubiera aportado algo de variedad a una trama ya monocromática de por sí.

“¿Podrás perdonarme algún día?” es el rechazo a toda la grandilocuencia de una industria empeñada en ensalzar a las estrellas. Con un espíritu indie, y una comprensión asombrosa de la esencia que definía a Lee, Heller regala una historia verdadera y cálida que enamora en distancias cortas. Puede que su obsesión por replicar la fórmula oscarizada de la Academia la empujen a un terreno en el que se queda sin recursos para transmitir el poderoso mensaje que atesora, pero eso no empaña a una polifacética McCarthy, y una trama que refleja la inquebrantable voluntad de ser feliz.


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